“Yo te amo hasta cuando no lo mereces, hasta cuando no quiero, hasta cuando digo que te odio. Te amo incluso sin decirlo, incluso sin demostrarlo, incluso sin estar cerca. Te amo y es sólo eso. Sólo quería que duermieras sabiendo.”
“Me tocó nacer en una generación
que se mueve
por la convicción del miedo, el dinero,
la resignación, las apariencias,
los rituales de aquella
exigencia moral
me tocó estar en esta generación
donde para la gran mayoría
de los hombres
las mujeres siguen siendo
una especie de objetivo
para reafirmar su débil corazón
a través de ese
sentimiento de superioridad
que oprime a su verdadera naturaleza
esta generación
donde las cartas ya no tienen
un destinatario sino un número telefónico
esta generación
donde las personas
sustituyen de un día para otro
la magia por no saber
ver lo que no le gusta de ellos mismos
a través de los otros
donde las promesas
son casi como accidentes
y entre aceptar la realidad
o elegir una razón para agradecer
yo elijo lo segundo;
en una generación
que invierte su energía en las apariencias,
los estereotipos, la búsqueda constante
de aceptarse en el juicio
de otros tantos confundidos,
entre todo eso
es una preciosa melodía
venir a encenderme de esa locura
convencer a mi alma
de que vale cada minuto la existencia
cuando se respira la alegría
junto al osado nardo de tu piel
le digo a todas las estaciones
que nos reserven en cada una de ellas
uno que otro de sus mejores amaneceres
juntos, sin prisa,
con las ganas de encontrarnos
día y noche
en el roce de nuestras manos
y nuestras voces
viniste a contagiarme de romanticismo
en esta generación
donde los hombres han
olvidado el valor de la poesía
donde otros
extraviaron su más valioso
amor en miedo y decidía
viniste a contagiarme de romanticismo
y ahora padezco
el delirio del amante
que es cómplice
de todos los fenómenos naturales.”
— Cartas con destino a Tijuana, Quetzal Noah (via quetzalnoah)
“Me tocó nacer en una generación
que se mueve
por la convicción del miedo, el dinero,
la resignación, las apariencias,
los rituales de aquella
exigencia moral
me tocó estar en esta generación
donde para la gran mayoría
de los hombres
las mujeres siguen siendo
una especie de objetivo
para reafirmar su débil corazón
a través de ese
sentimiento de superioridad
que oprime a su verdadera naturaleza
esta generación
donde las cartas ya no tienen
un destinatario sino un número telefónico
esta generación
donde las personas
sustituyen de un día para otro
la magia por no saber
ver lo que no le gusta de ellos mismos
a través de los otros
donde las promesas
son casi como accidentes
y entre aceptar la realidad
o elegir una razón para agradecer
yo elijo lo segundo;
en una generación
que invierte su energía en las apariencias,
los estereotipos, la búsqueda constante
de aceptarse en el juicio
de otros tantos confundidos,
entre todo eso
es una preciosa melodía
venir a encenderme de esa locura
convencer a mi alma
de que vale cada minuto la existencia
cuando se respira la alegría
junto al osado nardo de tu piel
le digo a todas las estaciones
que nos reserven en cada una de ellas
uno que otro de sus mejores amaneceres
juntos, sin prisa,
con las ganas de encontrarnos
día y noche
en el roce de nuestras manos
y nuestras voces
viniste a contagiarme de romanticismo
en esta generación
donde los hombres han
olvidado el valor de la poesía
donde otros
extraviaron su más valioso
amor en miedo y decidía
viniste a contagiarme de romanticismo
y ahora padezco
el delirio del amante
que es cómplice
de todos los fenómenos naturales.”
— Cartas con destino a Tijuana, Quetzal Noah (via quetzalnoah)